lunes, 15 de septiembre de 2008

Bolivia no eres tú



En Bolivia, los bandos no dialogan. Esto es así porque, simplemente, las identidades políticas, como de costumbre, pero exacerbadas por los colores locales, se definen en base a la exclusión del otro. Dada esta situación, la pregunta sería: ¿cómo el Estado Nacional logrará consolidar su intento de reforma y refundación del Estado boliviano a partir de la subversión del régimen de propiedad de la tierra vigente? ¿De qué medios debe disponer el Estado Nacional boliviano para lograr imponer tal reforma sin que ello conlleve la radicalización del conflicto a punto tal de hacer realidad una guerra civil en ciernes?

Pensemos por un segundo las credenciales de legitimidad que cada bando ostenta: por un lado, tenemos a un gobierno central democráticamente electo y refrendado por el 67% de la población. Este gobierno, además de contar con una fuerte cuota de poder que radica en la persona misma de su presidente, Evo Morales, primer indígena en gobernar Bolivia, se encuentra sustentado y avalado por el más amplio y mejor organizado movimiento campesino del subcontinente sudamericano, ampliamente representativo de buena parte del pueblo boliviano. Del otro lado, incluso geográficamente, nos encontramos con una élite económica y étnica que parte definitivamente al país en dos: minoritarios, detentan el poder local en la llamada medialuna, controlan el grueso de los recursos naturales hidrocarburíferos del país y cuentan con un amplio poder económico y mediático para lograr imponer un empate hegemónico.

Bolivia es hoy el laboratorio donde se pone a prueba el ideal latinoamericanista de descolonización por excelencia: al interior de un Estado Nación gobernado durante siglos por una clara minoría, las mayorías, desposeídas y por ende excluidas en su propia tierra acceden, por vez primera, al control del aparato estatal.

Y aun así, esto no parece ser suficiente.

Lo ejemplar del conflicto que nos ocupa es que acaso pone en cuestión la tensión por antonomasia entre el Estado y el Mercado, atravesada, por si fuese poco, por el clivaje racial cultural; ¿cuál es el límite de cada uno de ellos? ¿Cómo imponerse? Acaso Bolivia represente hoy la vanguardia del conflicto que dominará Sudamérica en las próximas décadas: la lucha por los recursos naturales. Desde aquí, con absoluta modestia, creemos que algo debemos aprender.

En este escenario, ¿qué tiene más fuerza? ¿La voluntad de los pueblos expresada democráticamente vía el sistema institucional o el poder de facto de una élite dispuesta a partir Bolivia en pos del status quo? ¿Sirve entonces el sistema democrático representativo para encarar un intento serio de reforma? La historia de América Latina nos da una respuesta.

El colla del altiplano y el blanco santa cruceño no dialogan, ni siquiera se reconocen como actores válidos: Bolivia no eres tú.

Por lo tanto, ¿qué es una política para Bolivia? ¿Quién es capaz de decidirla e imponerla?

Y, finalmente, ¿Quién puede alzarse con la bandera de Bolivia?

La tragedia de la escena boliviana radica en que ésta sólo podrá saldarse mediante el aplastamiento del adversario: de un lado, el mantenimiento del statu quo y el servilismo ad eternum de las mayorías; del otro, la subversión del orden existente.

Quizá la respuesta deba medirse en litros de sangre.

3 comentarios:

!obucn̡ dijo...

A la vez que recomiendo y convido a los interesados en la coyuntura política boliviana actual a ver el DVD correspondiente al domingo 14 de Septiembre de la edición del diario Miradas al Sur, aplaudo lo evidente de la dicotomía que se plantea de un tiempo a esta parte en ese país: pocas veces fue tan claro quiénes son los buenos y quiénes los malos. A todo esto, la izquierda argentina (pueril, adolescente como nunca), no encuentra mejor solución que el pregón "armas para el pueblo" y la división eterna en subpartidos. Pronto habrá tantos lefty partidos como zurditos militantes haya. Y ahora, si me disculpan, voy a ver a Bombita Rodriguez.

Anónimo dijo...

En cuanto a los litros de sangre, seria mejor si la victoria y definicion de las reivindicaciones sea medida en las voces por todo el mudo y la solidaridad de la gente conciente que sabe muy al fondo de sus ser este estallido furioso contra el colonialismo y la dominacion debe acabar, y que si queremos una América original por no decir originaria, debemos pues tomar una postura inmediata, no solo esperar que el pueblo mura para elegir si queremos o no estar con la revolucion, no hay tiempo, y si escojemos el no sera porque no queremos perder beneficios y podremos hasta matar como la derecha blancoide en Bolivia, entonces estamos o no estamos con el cambio, y no hablo de Bolivia y su proceso sino del mundo y su fin.

Anónimo dijo...

Muy bueno el post, es muy triste lo que pasa en Bolivia,el avasallamiento del gobierno democrático y el mote racista de la disputa. Me parece muy bueno y coincido plenamente en que el no reconocimiento del otro impide un posible diálogo, incluso una posible negociación. Pero como pasó acá con el campo, todos piden diálogo, pero nadie admite que una cosa son las palabras y otra muy distinta los bolsillos. Y hay cosas que los grupos minoritarios, que detentan los recursos y las tierras, no están dispuestos a dialogar ni a negociar.
saludos