viernes, 24 de octubre de 2008

Arte

Homenaje de Las Manos Sucias.

Trivia


Adivina adivinador: quién escribió esto?

"El propósito que intenta igualdad de derechos y finalmente igualdad de necesidades, una consecuencia practicamente inevitable de nuestra forma de civilización del comercio y de la equivalencia política de los votos, trae consigo la exclusión y la lenta extinción de los seres humanos superiores, más peligrosos, más extraordinarios e in summa más nuevos: el experimentar, por así decirlo, se acaba, y se alcanza un cierto estancamiento en punto muerto".

Esperamos que les guste o no.

El devenir liberal...

Mujer encantadora pero con sus trampas, como todas, la Roja a todos nos conquistó alguna vez. Todavía portadores de acné, muchas fueron las noches que le dedicamos, sin nunca consumar el acto. Por qué? Cogerse a una idea resulta, al menos difícil.
Para aquellos que todavía persistan en tal empresa con manos infatigables, Las Manos Sucias presenta aquí un breve pero instructivo panfleto repartido en los pasillos de Sociales, cuya intención desconocemos. Ajenos por completo a su autoría, queremos simplemente compartirlo con ustedes. Insistimos: lo que sigue es real y circula por nuestra querida casa de estudios.
LEGALIZACIÓN DE LA MARIHUANA!!

No a las drogas duras ni al PO

Mi nombre es Tomás Capri y como mucha otra gente soy un ex adicto, un ex adicto al PO. Todo empezó de guachín, terminé la secundaria y entré al CBC. A mí me cabía la revolution rock, los Cadillacs, el Che, y el rompantodo de Charly. Y así en mis ganas de empezar a militar por la Revolución resulta que se me cruzó un afiche del PO. Imagináte, yo estaba como virgo en cabarulo. Y vi que ellos me hablaban de la lucha de clases y la clase obrera, de Marx y el internacionalismo proletario, de Altamira y de Vilma, de Cristian y de José Castillo, y de La Raulito, y yo me fui enganchando. Mis amigos me decían que no, que con eso no se jode, que es peligroso. Pero los pibes del barrio nunca entendieron nada y yo iba a la Facu, así que seguro que tenía razón yo. Así fue que empecé a consumir trotskismo, primero medio berretón, corte PTS, y después fui pegando más duro y me empecé a dar con PO. Y empecé a cambiar, a perderme en el embrollo, viste. Ya no iba a la cancha, no hablaba de fútbol con los pibes, no iba al cine con mi novia porque es un vicio pequeño burgués, caía en casa y a mi viejo que venía de laburar todo el día en el almacén le decía que era un comerciante burgués explotador y cuando se metía mi vieja le decía que era una gobernada del machismo y cosas así. Armaba unos quilombos bárbaros. Y de repente los viejos me dejaron de dar bola, los pibes ya no me llamaban para jugar al fulbito, mi novia me dejó.

Me decían que estaba en la máxima expresión de la adolescencia, y que no daba evadirse de la realidad así tan volado. Pero yo seguía consumiendo PO, y me encantaba. Tres años estuve en la giladita. Iba a todas las marchas, aunque fuéramos cuatro (nunca me preguntaba por qué éramos 4). Me dejé de bañar. Me vestía más pobre que los pobres. Leía siempre la prensa del partido e intentaba venderla, pero nadie me la compraba. Yo sentía que luchaba por la Revolución y nadie me daba bola. Me sentía como a contramano.

Yo le explicaba a mi portero que él era un explotado, que tenía que votar a candidatos de la clase obrera y leer a Trotsky. Él me decía: “Pero ese es Ruso, nah que ver”. Y me hablaba de historia argentina, del viejo que laburaba en el tren, de los ’40 y qué sé yo, a mí me chupaba un huevo la verdad. Yo le decía que no, que tenían que ir a la huelga revolucionaria y dejar de votar a su verdugo. Hasta que un día se cansó y me dijo: “Pero escucháme una cosa pibe, entonces yo tengo que pensar que vos crees que soy un pelotudo con caja de cinco cambios” y me mandó a la mierda.

Y ahí fue como ver la luz al final del túnel. Me di cuenta que iba a contramano de toda la gente del barrio, que estaba más solo que Aguilar en el día del amigo. Dejé de consumir PO y volví a jugar al fulbito con los pibes. Me puse de novio de vuelta y siempre me fumo uno con mi novia antes de ir al cine. En casa ahora cocino yo y dejo a los viejos caretas, je. A muchos amigos míos les pasó lo mismo, muchos no pudieron zafar. Queríamos hacer la revolución (queremos hacer la revolución pa!) pero nos dejamos comer la cabeza por estos chantas, que no tienen historia, ni héroes, ni mártires, ni mística ni un carajo. Ni al Che lo bancan. Encima se la pasan dividiendo. En fin, muchos nos dejamos llevar por esto y les militamos tres años en sus partidos, consumiendo su discurso y de tanto ver que la gente no te da bola y que sos un rarito, un marciano en el barrio te frustrás y no militás nunca más. Un crimen la verdad, una máquina de frustrar militantes, la verda’.

Ahora soy militante del movimiento ricotero y los pibes me volvieron a dar la diez.

Ojalá que mi experiencia te sirva, te quiero boló!

LOS BUENOS VOLVIERON!!
La PR de Sociales (desde la clandestinidad)

miércoles, 22 de octubre de 2008

A definir...



Con todo este asunto de la crisis financiera internacional y todos los etcéteras que le vienen aparejados, a menudo leemos en la prensa acerca de los efectos de ésta sobre la "economía real"; "¿cuáles serán los impactos sobre la economía real?" y otras preguntas similares se nos ofrecen a diario a modo de interrogante. Pero, ¿acaso una buena forma de empezar a dilucidar algún aspecto de este asunto no sería preguntarse a qué se opone la así llamada "economía real"?Es decir, si tenemos al menos una que es "real", ¿cómo llamar a la otra? Las manos sucias se pregunta...

martes, 21 de octubre de 2008

Facebook




Andrés se bañó hace dos horas. A Paula le gustaría salir a pasear más seguido – Buenos Aires le gusta cuando llueve -. Juan hace ya algunos días que no se masturba y le gustaría volver al ruedo. Estoy entrando en Facebook.


De entrada nomás, intimidades, detalles y banalidades que por algún motivo que no logro comprender, o sí, la gente decide publicar, “compartir”. Red de redes, todo comportamiento humano queda allí registrado. Por si fuera poco, un mail le llega a uno cada vez que alguien “hace” algo. “Hacer” en estos casos puede parecer un eufemismo. “Lucía marcó una foto con su nombre”; ¿qué carajo me importa?, pienso; pero nada, el aviso le llega a uno y, por qué no, uno va, hace “clic” como un boludo y a ver que foto Lucía marco con el nombre de uno. ¿Posible polvo? Probable esperanza de muchos. Cada vez más privado de la acción, el ser humano, en los tiempos que corren, vive a través de estas comunidades virtuales, en las cuales interactúa, genera o pretende generar lazos y así conocer gente; se “existe”, en no pocos casos, a través de Facebook o herramientas similares: alguien ve un perfil, le gusta y por ende lo invita a uno a ser su amigo. Vaya forma de relacionarse; le guste o no a uno, lo cierto es que estos son los andariveles que cada vez más contemporáneos transitan. Posible combate contra la soledad que aqueja a miles de millones en un mundo cada vez más poblado, Facebook se revela como una de las herramientas más eficaces para mantenerse vinculado y al tanto de lo que sucede en numerosos círculos, cuando no contrarrestar las decrecientes capacidades de la gente para relacionarse socialmente. Invitaciones, compromisos, recordatorios, contactos laborales, alcohólicos anónimos y pedófilos arrepentidos: todos ellos crean su grupo en este espacio para así “estar en contacto” y, claro, no dejar de postear las últimas fotos que se sacan. Porque sí, las fotos, las putas fotos son una de las manías más frecuentes. Hay que subir todas las fotos que uno se saca; parece que ya la gente, en algunos casos al menos, se fotografiara para inmediatamente después ver cómo salió la imagen y acto seguido subirlas a Facebook para que, simplemente, estén allí.

Una amiga me dice, esparciendo rumor ya oído, de que cierta agencia de inteligencia dónde se comen donas y se toma mucho café no sería totalmente ajena a tal invención. ¿Te imaginás lo que hubiese sigo cazar a los muchachos de hace treinta años con Facebook a disposición de estos hijos de puta?, alguien me sugiere. Porque, claro, uno está, pero también sus amigos; y los amigos de nuestros amigos; y, por qué no, cualquier día nos llega una propuesta autogenerada por el sistema que cruza datos y busca patrones comunes, y así me propone que me haga amigo de Lucio, pero también de Anne Sophie, quienes, al igual que yo, salieron en una foto con un buzo verde y, al parecer, les gusta mirar películas los viernes por la noche. ¿Torturar / interrogar a alguien para obtener sus contactos? Basta con un par de clicks. En algunos países, me cuentan, Facebook se utiliza también para los procesos de selección laborales: antes de decidir contratarlo a uno, el patrón mirara en Facebook a ver quiénes son los amigos, si al candidato le gusta o no la comida étnica – en caso negativo, quien sabe, lo tilden a uno de no estar a favor de lo multicultural - y, quién sabe, averiguar si alguna vez uno se fumo un porro. Ay de nosotros en ese caso…

Confirmo a Jurgen porque parece buen tipo y en un viaje a la Argentina “se enamoró” del mate y por lo tanto quiere conocer argentinos; ignoro a Julia porque es fea y a Tomás porque es gordo. Antes de salir, me proponen “alegrarme” y sumarme a los festejos de Paola porque aprobó una materia, que parece era muy difícil. Alejandra quiere que le devuelvan “la hora que le robaron con el tema este del cambio horario” y Juan, por suerte, volvió a masturbarse con regularidad y está contento. Que suerte, pienso.

MS
Octubre 2008

miércoles, 1 de octubre de 2008

Todo por una medalla



Todo por una medalla

Terminó de afeitarse frente al espejo y pensó que estaba bien, que ahora sí. Nunca realizaba un trabajo con barba de dos o tres días. Además, le gustaba el olor de la loción de afeitar y la pólvora al mismo tiempo. Quizá era la parte que más le gustaba de su oficio, aparte de cumplir con lo pactado, claro.
Una vez la camiseta dentro de los pantalones y los tiradores en su lugar, se calzó la 22 contra las costillas, púsose saco y sombrero y pagó la cuenta en el Hotel “Las hermanas”, en la zona de Santa Fe y Pacífico. Pensó que la tarde estaba un poco demasiado gris y que probablemente el whisky de las siete sería acompañado de un buen diluvio, de esos que solamente tienen lugar en Buenos Aires.
Caminó las dos cuadras hasta la esquina de Juan B Justo y prendió un cigarrillo mientras esperaba el tranvía. Estaba tranquilo; tenía una foto de su objetivo desde hacía días y por lo tanto la cara estaba bien estudiada; la víctima, normalmente, debía encontrarse en la puerta de la agencia de quiniela al pasar la zona de los desarmaderos: saliendo del local, tenía los segundos justos antes de que se subiera a un auto y ya no tuviera posibilidad alguna; sabía, además, que la formación aminoraría la marcha durante unos instantes por el breve paso a nivel, por lo que la momentánea lentitud y el sonido del metal en el asfalto harían lo suyo. Hecho, se dijo; pitó fuerte, arrojó el pucho a la vereda y subió. Mucha gente, justo lo que había previsto. Se acomodó contra una ventana del fondo y empezó a hojear un ejemplar de La opinión, que alguien había dejado sobre un asiento. Si a Aramburu las cosas parecían salirle bien, a él también: después de ésta, unos días al Uruguay. No tenía idea de quién se trataba; nunca lo sabía, pero por éste le pagaban bien.
Ya en camino, las bodegas quedaron atrás y el terraplén desapareció de su vista; el cielo se tornó negro y comenzaron a caer algunas gotas. El olor a humedad y ropa mojada le desagradaba bastante, pero concentrado como estaba contra la ventana, apenas lo sintió. Divisó la esquina de Warnes y agarró el mango con la diestra; luego, todo ocurrió en un instante. Los rieles sonaron como lo había previsto y el maquinista hizo sonar levemente los frenos. Justo ahí, lo imprevisto: una mujer pasó delante suyo con un escote demasiado generoso para la época, desvió su mirada y notó, entre los que le parecieron los pechos más deslumbrantes que jamás hubiese visto, una medallita de la Virgen; se acordó de Adrogué y de la quinta, del Tucumano y de otros que ya no estaban…
Cuando volvió la vista hacia fuera, ya la esquina de Honorio Pueyrredón quedaba atrás. Carajo, gritó, y se bajó casi de un salto. Cien metros atrás, un Packard placero arrancaba y ya estaba todo dicho.
MS