jueves, 25 de septiembre de 2008

Todo por una mujer?


De culebrones y otras cuetiones...

Parte un avión de Venezuela fletado por ENARSA. Empinados funcionarios bolivarianos y pejotistas ocupan butacas. Se vislumbra la Unión Sudamericana. ¡Viva el Banco del Sur!, parece que se le oyó decir a alguien. El pasaje, sin dudas, está vendido. Digno anciano caballero reclama con billete en mano: lo siento hombre, la luz, para esta mesa, es de 800 mil; el viejo no pregunta. A bordo, corpoulento caraqueño con pasaporte USA y pinta de patova de Mau Mau, memoria de caballero y otras dotes parte para la Reina del Plata. Por todo equipaje, el grandote transporta una valija: 16 kilos en billetes de 50: 800 lucas. Sí, billetera mata galán.

Al llegar a Aeroparque, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, jugando a ser KGB, manda a su Nikita para estos casos: amplio escote, generosas curvas y diminuta falda surten efecto: en un santiamén, el sargento Antonini Wilson García se deja engatusar. Su poca experiencia en el levante porteño le hace olvidar modales. ¿Cuánto cobras? le espeta el gordo. La dama, tras consultar al Indec on line, dice que tres lucas, por la noche, bastan.

Se escucha el “clic” de la valija. Conflicto internacional en ciernes. Alarmas empiezan a sonar en Buenos Aires y el Caribe. Todo por una mujer…

“Mándennos al prófugo”, gritan la mandataria y el primer caballero al unísono. “Impostor” claman funcionarios fieles a la comedia (y a la Corona). A partir de aquí, se suceden las negaciones: a Guido Sargento García Antonini Wilson no lo conoce nadie. ¿Uberti? Primer pase a retiro: el peón se sacrifica por la Reina. Por si fuera poco, ex secretaria – guay de una mujer despechada! – afirma haberlo visto en la Rosada. “Imposible” sostiene “cara de piedra” Fernández; “no está en los libros: ese día solo vino Moyano: de ahí la confusión; tal vez, la Tota Santillán… ”.

El mayor entramado de complicidades se gesta rápidamente. El gordo valor, como pedro por su casa, visita, saluda y parte con agradecimientos varios rumbo a Miami, donde amigos no faltan.

Hasta aquí la información fidedigna. Quienes suscriben carecen de contactos de peso entre los hombres de negro del FBI, mas se anclan en la certeza de que no puede tratarse sino de otra maniobra del Imperialismo del Norte para desbaratar la incipiente unión sudamericana.

Off the record funcionarios que piden anonimato asocian el faltante de efectivo con las necesidades de liquidez de la economía norteamericana. Por demás, las sucias difamaciones de que el dinero estaría destinado a financiar la campaña de la Electa se desmienten por la evidencia de que tal andamiaje electoral fue sostenido gracias al aporte invaluable hecho por las cocinas de efedrina del Gran Buenos Aires.

Por todo esto y mucho más, bien le valdría a la corte criolla, santo remedio, encontrarle a Antonini un hermano perdido en Sicilia que lo haga callar con su sola presencia. Claro, a falta de una propuesta que no pueda rechazar…

p.d: Las manos sucias no quiso dejar de hacer su aporte a esta Gran Comedia Internacional (GCI)

lunes, 15 de septiembre de 2008

Bolivia no eres tú



En Bolivia, los bandos no dialogan. Esto es así porque, simplemente, las identidades políticas, como de costumbre, pero exacerbadas por los colores locales, se definen en base a la exclusión del otro. Dada esta situación, la pregunta sería: ¿cómo el Estado Nacional logrará consolidar su intento de reforma y refundación del Estado boliviano a partir de la subversión del régimen de propiedad de la tierra vigente? ¿De qué medios debe disponer el Estado Nacional boliviano para lograr imponer tal reforma sin que ello conlleve la radicalización del conflicto a punto tal de hacer realidad una guerra civil en ciernes?

Pensemos por un segundo las credenciales de legitimidad que cada bando ostenta: por un lado, tenemos a un gobierno central democráticamente electo y refrendado por el 67% de la población. Este gobierno, además de contar con una fuerte cuota de poder que radica en la persona misma de su presidente, Evo Morales, primer indígena en gobernar Bolivia, se encuentra sustentado y avalado por el más amplio y mejor organizado movimiento campesino del subcontinente sudamericano, ampliamente representativo de buena parte del pueblo boliviano. Del otro lado, incluso geográficamente, nos encontramos con una élite económica y étnica que parte definitivamente al país en dos: minoritarios, detentan el poder local en la llamada medialuna, controlan el grueso de los recursos naturales hidrocarburíferos del país y cuentan con un amplio poder económico y mediático para lograr imponer un empate hegemónico.

Bolivia es hoy el laboratorio donde se pone a prueba el ideal latinoamericanista de descolonización por excelencia: al interior de un Estado Nación gobernado durante siglos por una clara minoría, las mayorías, desposeídas y por ende excluidas en su propia tierra acceden, por vez primera, al control del aparato estatal.

Y aun así, esto no parece ser suficiente.

Lo ejemplar del conflicto que nos ocupa es que acaso pone en cuestión la tensión por antonomasia entre el Estado y el Mercado, atravesada, por si fuese poco, por el clivaje racial cultural; ¿cuál es el límite de cada uno de ellos? ¿Cómo imponerse? Acaso Bolivia represente hoy la vanguardia del conflicto que dominará Sudamérica en las próximas décadas: la lucha por los recursos naturales. Desde aquí, con absoluta modestia, creemos que algo debemos aprender.

En este escenario, ¿qué tiene más fuerza? ¿La voluntad de los pueblos expresada democráticamente vía el sistema institucional o el poder de facto de una élite dispuesta a partir Bolivia en pos del status quo? ¿Sirve entonces el sistema democrático representativo para encarar un intento serio de reforma? La historia de América Latina nos da una respuesta.

El colla del altiplano y el blanco santa cruceño no dialogan, ni siquiera se reconocen como actores válidos: Bolivia no eres tú.

Por lo tanto, ¿qué es una política para Bolivia? ¿Quién es capaz de decidirla e imponerla?

Y, finalmente, ¿Quién puede alzarse con la bandera de Bolivia?

La tragedia de la escena boliviana radica en que ésta sólo podrá saldarse mediante el aplastamiento del adversario: de un lado, el mantenimiento del statu quo y el servilismo ad eternum de las mayorías; del otro, la subversión del orden existente.

Quizá la respuesta deba medirse en litros de sangre.

martes, 9 de septiembre de 2008

Nuestra amistad

En principio, sólo compartir una pequeña inquietud; lo que tiene de maravilloso la política es la inmanente fragilidad de cada uno de sus episodios. Por eso queremos a la política.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Oportunidad en tierra guaraní...


Oportunidad Paraguaya

En América del Sur, se sabe, soplan vientos de cambio. En un contexto internacional de crisis del capitalismo, donde la especulación ha cooptado a tal punto las bases de la economía que lo productivo se vuelve por momentos inhallable (o deslocalizado vaya a saber uno dónde) en el subcontinente americano la oportunidad parece inmejorable: frente a tal contexto, pocas geografías en el mundo encuentran una combinación tan favorable de recursos humanos, materiales, naturales y energéticos a su disposición para adentrarse definitivamente en el camino de un verdadero desarrollo. Las economías latinoamericanas, beneficiadas por el aumento de los precios internacionales de los alimentos, las materias primas y la energía, se hallan en pleno crecimiento. Los Estados, la política, libran una batalla decisiva por la apropiación de esta renta: o bien en beneficio de las mayorías o bien, es claro, en beneficio de las elites de siempre.

En efecto, a lo largo y ancho de la región, la línea parece trazarse entre dos opciones: aquellos que optan más decididamente por un destino sudamericano, cortando amarras con el modelo neoliberal, apostando al fortalecimiento de instituciones como el Mercosur y por ende a la integración regional como camino, y aquellos otros que, más bien, apuestan por un desarrollo ligado, principalmente, a las inversiones extranjeras provenientes, principalmente, de los Estados Unidos, intentando vehiculizarlas fundamentalmente a través de Tratados de Libre Comercio.

La encrucijada, en los distintos escenarios, parece ser justamente la reapropiación por parte de los Estados de la renta de los recursos naturales y energéticos: privatizados a lo largo de las últimas décadas, numerosos gobiernos de corte progresista se baten, con mayor e menor intensidad, por recuperar estas fuentes de riqueza estratégicas que constituyen la clave de cualquier proyecto que aspire a cambiar la correlación de fuerzas históricas y por ende lograr, si acaso posible, una verdadera redistribución de la riqueza.

Los distintos gobiernos sudamericanos, por ende, pueden ser definidos a las claras, aunque un poco esquemáticamente, en base a esta última premisa: están aquellos que llevan o intentan llevar la refundación del Estado y la sociedad hacia sus máximas potencialidades, no exentos de desgastantes conflictos internos, contradicciones, marchas y contramarchas, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, y aquellos cuyas elites optan por continuar una política neoliberal fuertemente ligada a la inversión extranjera como principal motor del desarrollo, con especial énfasis en su relación / sujeción hacia Washington fortaleciendo sus vínculos con éste a través de Tratados de Libre Comercio, sea el caso de Chile, aunque con ciertos matices, Perú y, a las claras, Colombia. En el medio, más o menos reformistas según el caso y hasta el momento, podríamos situar a gobiernos como el brasileño, el uruguayo y el argentino.

Ahora bien: imaginemos por un momento a un pequeño país mediterráneo, sin grandes recursos y con una pequeña economía, históricamente aislado en sus relaciones con sus vecinos y que viene de atravesar 34 años de dictadura autocrática seguidos de otros 19 de gobierno de un solo partido, con un sistema de salud ineficiente y una educación que quizá lo sea aun más: he aquí Paraguay.

Aquí, la reciente elección del ex obispo Fernando Lugo como presidente parece incitarnos a pensar que dicha nación estaría a las puertas, quizás, de un golpe de timón que podría torcer, en parte, el sendero en el que hasta ahora dicho país venía deslizándose. Al menos en parte. Realismo obliga, la prudencia en estos casos debe ser extrema, mas, aunque las dificultades son enormes, la oportunidad se presenta como histórica.
En el caso que nos ocupa, el quiebre de gobierno ininterrumpido del Partido Colorado por parte de fuerzas progresistas ancladas en el campesinado pobre del Paraguay obliga, al menos, a la reflexión.

Como principal desafío, la agenda impone, estima el cronista, la refundación del Estado Paraguayo: cooptado e infectado por capas geológicas de burocracias ineficientes y corruptas que datan de tiempos del régimen dictatorial de Alfredo Stroessner, agravado por casi dos décadas de gobierno corrupto del Partido Colorado, el Estado Paraguayo deberá reformarse profundamente si se pretende hacer de él un instrumento de cambio, puesto que acaso sigue siendo la herramienta fundamental para lograr tal fin: se trata de reformular por completo las relaciones entre el Estado y la sociedad, para poner de una vez por todas el primero al servicio de la segunda. Un nuevo pacto social que reformule la lógica de estos actores se impone de manera urgente. En el grado de intensidad de este cambio se podrán medir las aspiraciones de este gobierno: revolucionarias, a semejanza de las de su vecino andino, o tímidamente reformistas. Potencialidades reales tenidas en cuenta y análisis de los recursos disponibles mediante, quien suscribe estima que el camino, en el mejor de los casos, se medirá por cuán alejado se encuentre de la segunda opción. Veremos.

A grandes rasgos y en sintonía con los gobiernos de la región, parece claro que algunos ejes estarán presentes en la nueva etapa: mayor regulación e intervención del Estado y consecuente regulación del mercado, combate profundo a la corrupción y a la informalidad de la economía en una nación donde buena parte de la actividad comercial proviene del contrabando, inclusión y pasible redistribución de la riqueza, aunque más no sea a través de programas sociales del nuevo gobierno, etc.

Ahora bien: si debemos de creer en las declaraciones del reciente electo prescíndete y en la plataforma electoral de la heterogénea alianza que lo llevase al gobierno, dos temas se imponen como centrales: la soberanía energética y la reforma agraria.

En el primer caso, el frente externo domina, y la diplomacia, esforzada, deberá ser hábil, amén de la buena voluntad de sus dos grandes vecinos. Paraguay cuenta, como una de sus principales riquezas, su capacidad para producir energía hidroeléctrica en magnitudes que su propia economía no llega a consumir y por lo tanto exporta: dicho recurso económico y energético, que mana de las aguas del Paraná y demás ríos que bordean y atraviesan esta nación, se produce gracias a dos grandes represas binacionales: Yaciretá, compartida con la Argentina, e Itaipú, con Brasil. En ambos casos, el nuevo gobierno ha manifestado a las claras sus intenciones de revisar estos acuerdos e ir en la línea de una posible renegociación del precio de la energía exportada, la cual se encuentra, en ambos casos, por debajo del precio de mercado. Ambos emprendimientos, como todo en las relaciones internacionales, fueron llevados a cabo teniendo en cuenta la relación de fuerzas existente; en ambos claros, sobra aclararlo, en desmedro de Paraguay. Se verá, pues, la disposición negociadora de la Argentina y Brasil, quienes, si han de comprometerse con el desarrollo y la sustentabilidad paraguayas, y por ende de la región, deberán hacer algunas concesiones. Dicho curso de acción, esencial para fortalecer la integración regional, tendría el doble efecto positivo de apuntalar la economía paraguaya, socia e importadora de productos de ambos países, fortaleciéndola y dotándola de un excedente de recursos de los cuáles hoy carece, y, en consecuencia, disminuir las asimetrías al interior del Mercosur y, quien sabe, fortalecerlo. Más allá de los números y cuestiones técnicas, será una cuestión política.

En el segundo caso, la reforma agraria se presenta como la principal batalla que acaso decidirá librar el gobierno de Fernando Lugo: en un país dónde, según estimaciones, el 4% de los propietarios detentan el 96% de l tierra, urge tomar medidas que vayan en contra de esta tradición latifundista, a la que, por demás, se suma la amenaza del monocultivo, puesto que la soja, se sabe, no conoce fronteras. Aquí entra en juego, por demás, el apoyo electoral al gobierno: su base la constituye, principalmente, el campesinado pobre y desposeído. Estos grupos, es esperable, presionarán, si bien apoyando, para que se tomen las medidas necesarias. El gobierno deberá actuar, pues, en consecuencia, si no quiere vaciarse de legitimidad frente a su electorado, más no podrá hacerlo cruzando límites que pongan en juego su propia gobernabilidad. Cuestión de Realpolitik, nada más. Es sabido que sus principales fuerzas parlamentarias se las debe al Partido Liberal Auténtico…

He aquí, pues, algunos de los rasgos del escenario paraguayo, donde, si bien parecen resaltar las dificultades, la oportunidad aun así se presenta. Hará falta, como para todo, voluntad política. Mucha.

MS

lunes, 1 de septiembre de 2008

El ultimo duelo


El último duelo

A J.L.B, quien se afiliara al Partido Conservador, según él, por escepticismo…

Porque partieron de Canaán hacia Egipto par allí ser esclavizados y luego volver a Israel bajo el peso de una promesa y unas tablas escritas en el desierto; porque luego, los Romanos por allí pasaron y, dice la Historia, les siguió un Éxodo que dio en llamarse Diáspora; porque a lo largo de ésta los hebreos se habituaron a vivir en distintas geografías es que, veinte siglos más tarde y un marinero genovés mediante, desembarcaron en un puerto del Sur para allí poblar un barrio que se conocería más tarde como “Once”.
La historia que aquí refiero poco difiere, espero, de lo que me contase el viejo Naím, cuando, en alguna de las tardes en que gustábamos conversar una vez ya las telas cotizadas, me narró la historia de un secreto enfrentamiento que en esas cuadras ocurriese y que signaría, por décadas, la preeminencia del estilo “a la piedra” por sobre el de “la masa alta” en un sector de Balvanera.
He aquí, pues, el relato.
“La línea, como usted supondrá, estaba trazada desde un comienzo entre el linaje semítico oriundo de Sefarad y el Medio Oriente, que acaso en un tiempo fueron la misma cosa, y el germano eslavo, aquí fundido bajo la común denominación de rusos. Éstos, por algún motivo del destino o el azar, que mucho se confunden, eligieron manifestar sus inquinas y rencores a través de dos honestos trabajadores que amasaban las mejores Pizzas de que se tenga aquí recuerdo.
En efecto, Francisco Tropo, cuyos padres no desconocían los secretos del especiado practicados en la Costa Amalfitana, cultivaba y defendía su legado proveyendo a quién así lo quisiera su famosa “pizza a la piedra”. Ésta, decía, era la única que respetaba y mantenía los lineamientos originales de tan noble arte. Al mismo tiempo y ocupando local lindero, Don Eugenio Olaguer clamaba, sin temor a equivocarse, que la tradición Ibérica de la “masa alta” era a fin de cuentas la preferida por el paladar argentino y que copaba, de a poco, los boliches de la Calle Corrientes.
El pueblo judío gustaba, en un comienzo y cuando Perón todavía gobernaba, de ambos estilos, concurriendo, linajes mezclados, a ambos locales, haciendo el gusto de ambos maestros y profesando, cada Domingo, su preferencia por una y al siguiente por la otra.
De este modo, poco a poco, entre Tropo y Olaguer se fue gestando una rivalidad cuyo fin sería trágico, privando a toda la comunidad y el barrio entero de uno de los dos estilos, sin que acaso existiese superioridad alguna.
Cierto mercader, cuyas mentas de fabulador eran harto conocidas me dijo, una vez, que las tendencias comenzaron luego de una discusión polémica entre Asimovich y Saud a propósito de cierta interpretación talmúdica que, trabada por argumentos igual de sólidos, no pudo zanjar cuál era el verdadero sentido de una parábola de los Cabalistas.
A consecuencia de ello, y luego de descalificaciones personales provenientes de ambos estudiosos, las inclinaciones del paladar se pusieron sobre el tapete. Como le dije, hasta ese momento, rusos y turcos hacían el gusto de sus familias disfrutando sin culpa alguna en lo del español como en lo del italiano. Aquella tarde de Febrero del ’53, por algún motivo que aún ignoro, los primeros se encolumnaron detrás de Italia; los segundos, de España. Tras reivindicar cada uno a su turno la elección hecha y lo despreciable de la contraria, ambos grupos dejaron la Ieshivá estableciendo un extraño paralelo entre la discusión sobre el Talmud y el estilo de Pizza preferido, dando a entender a los allí presentes y luego a todo el barrio que la preeminencia de un estilo por sobre el otro sería la única forma de demostrar quién tenía razón sobre los pasajes mencionados de aquel Libro.
Desde ese momento, cada domingo por la noche, y a lo largo de varios meses, en la calle Tucumán entre Pasteur y Azcuénaga se disputaba mucho más que el buen provecho en una mesa. Entre copas engrasadas y servilletas de papel, ambos bandos intrigaban a viva voz para que en el local vecino no dejaran de escucharse sus opiniones. Tropo y Olaguer, sin darse cuenta, tomaron partido respectivamente y adoptaron la contienda de sus parroquianos hasta un nivel que ya se sabe exagerado. No faltaron hombres sensatos que quisieron moderar el asunto clamando que la Muzarrella era la especialidad de uno en tanto la Fugazzeta lo era del otro. De nada sirvió, pues la inquina prosiguió, indefectible, hasta el desenlace al que ya me acerco.
Cierta noche de verano en que el año era bisiesto, al comenzar las barras a llenar el boliche de largas barbas y sombreros, Olaguer no pudo más con su genio andaluz y se apersonó en lo de Tropo sin siquiera sacarse el delantal. Los que allí estaban salieron a su turno para hacer bulto en la vereda y simplemente acompañar. El italiano se limpió en acto la harina que cubría sus manos y salió a su encuentro.
- Entre con precaución que aquí, los de al lado, nos tienen sin cuidado, dijo el local.
A lo que el visitante respondió: - Por mí, no se preocupe, que si me ve, es para decirle que en el Once no cabemos ya los dos. Mándese a mudar a la Boca, que allí están los suyos.
Acto seguido, los dos se fueron al humo y dio trabajo separarlos. El viejo Samuel, impasible, sentenció, tocándose las barbas, que esa no era forma de resolver el asunto. Alguien hizo notar, como siempre, que dagas no faltaban, si bien otro retrucó que estos ya no eran tiempos de compadres. Nadie oyó esto último y casi en el acto, rodeados de hombres y mujeres que secreteaban al tiempo en idish y árabe, ambos maestros pizzeros se encontraron en la vereda con sendos cuchillos de cocina que ya no cortarían sino la carne de otro hombre.
El asunto se liquidó en cuestión de minutos. El español, si bien bravo, pecó de torpe en sus movimientos. El otro, más prudente, esquivó y esperó el claro, hundiendo hasta el fondo el metal lleno de aceite.
Enseguida, comenzaron los llantos de algunas mujeres y niños que quien sabe si se lamentaban por el finado o la masa alta que ya no probarían.
Los hombres, ellos, sin decir palabra, enfilaron para sus respectivas Sinagogas: los del desierto, para Lavalle entre Azcuénaga y Larrea; los otros, para Uriburu entre Corrientes y Sarmiento.
Dicen que esa noche, en ambos templos, no faltaron los que se rasgaron las vestiduras. Sobre aquel pasaje del Talmud, es claro, ya no se discutió”.


Once, Agosto 2008